El otro día estábamos haciendo mercado con mi esposa, y me quedé parado viendo la sección de huevos. No era que estuviera buscando algo especial, simplemente me llamó la atención la cantidad de opciones. Huevos campesinos, huevos de gallinas libres de jaula, kosher, doble A, doblemente seleccionados, triple AAA PLUS. Una cantidad impresionante de atributos y etiquetas que antes no lo había notado. Normalmente la única diferenciación que yo veía era si eran AA o AAA.
Le pregunté a mi esposa —medio en serio, medio en broma— que cuál elegiría entre todas las opciones. Antes de que pudiera responderme, le dije molestando:
—Mira, llevémonos estos, que tienen a Jorge Rausch en la caja. Por alguna razón está él ahí.
Seguimos ahí un rato, y yo empecé a mirar los empaques con más calma. Algunos decían cosas como “sabor superior”, otros tenían sellos que no conocía. Uno decía Certified Humane, pero la verdad no sabía bien qué significaba eso.
Y me quedé pensando: ¿en qué momento comprar huevos se volvió tan difícil?
Uno pensaría que es una decisión simple. Pero cuando empiezas a leer cada empaque, parece que también estás tomando posición sobre bienestar animal, sistemas de producción, confianza en las marcas y hasta valores personales.
Un huevo parece simple. Pero toca temas de agroindustria, sostenibilidad, consumo urbano, bienestar animal… y todo eso cabe en un cartón de doce.
Y sí —vale la pena decirlo— detenerse a pensar en esto también es un privilegio. Hay muchas personas que solo pueden comprar lo que alcanza. Eso también es parte de la historia.
Al final, elegí los libres de jaula, sabor superior y doblemente seleccionados PLUS. Sí, toda esa información en un panal de huevos ¿Alguien certifica que sea libre de jaula? — No lo sé ¿Alguien certifica el sabor superior? — No lo sé ¿Alguien certifica que fueron doblemente seleccionados? — Creo que no existe. No los compré porque estuviera seguro de que eran mejores, sino porque, en medio de tanta información confusa, fue la opción que por curiosidad quise probar en ese momento.
En mi trabajo he aprendido que la sostenibilidad no se trata solo de producir diferente, sino también de cómo elegimos y para quién producimos. Y lo cierto es que muchas veces elegimos sin saber muy bien en qué confiamos.
A veces el consumo consciente no es tener todas las respuestas. Es simplemente empezar a hacerse las preguntas «correctas». Y mirar con otros ojos algo tan cotidiano como un huevo.
¿Ustedes cómo eligen los huevos? ¿Leen lo que dice el empaque o compras por costumbre?

¿Cómo elegir un huevo? Una reflexión de supermercado
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