Exhibición de carne en supermercado

¿De dónde viene la carne que comemos?

Un informe publicado en 2024 de la organización Envolvert puso en cifras algo que muchos intuíamos, pero que pocos podían demostrar:
una proporción significativa del ganado que llega a nuestras ciudades proviene de zonas donde hay deforestación activa o riesgo de deforestación.

Por vivir en Cali, me impactó ver que en municipios como Florida, Yumbo y Candelaria —en el Valle del Cauca—, más de la mitad de los animales sacrificados provienen directa o indirectamente de lo que el estudio llama Zonas de Alta Deforestación (ZAD):

Municipio % de animales provenientes de ZAD
Florida 76,41%
Yumbo 61,38%
Candelaria 60,26%

Esto no significa que toda esa carne provenga de deforestación ilegal. Pero sí que hay un riesgo alto que no podemos ver ni mitigar si no hay un sistema de trazabilidad que funcione.

La carne: un producto cotidiano, una cadena sin trazabilidad

En la sección de carnes de cualquier supermercado hay cortes, precios y promociones.
Lo que rara vez hay, es un sello que nos diga de dónde viene esa carne, cómo fue producida, o si cumple con algún criterio de sostenibilidad.

La carne, a pesar de ser un producto central en la canasta básica, es también uno de los más opacos.
Y eso me llevó a escribir esta reflexión como parte de la serie Consumo Consciente, donde vengo explorando cómo, como consumidores, podemos hacernos preguntas que a veces no parecen tan urgentes… pero que sí son importantes.

¿Y cómo llegué hasta aquí?

He trabajado durante años en cadenas de valor agroalimentarias.
Tuve la oportunidad de participar en los acuerdos de cero deforestación de cacao y leche cuando estuve en el CIAT. Y hoy, desde The Nature Conservancy, he participado en reuniones del acuerdo de cero deforestación de carne y leche.
Desde el programa Paisajes Futuros, trabajamos con empresas de la cadena cárnica y láctea para que puedan escalar la adopción de prácticas de ganadería sostenible y regenerativa como una apuesta para mitigación y adaptación al cambio climático.

Soy consciente que esto no depende solo de la empresa.
Hace falta financiamiento, política pública y acompañamiento técnico en campo.
Pero también hace falta algo más sencillo y, al mismo tiempo, profundo: que el consumidor sepa que puede hacer preguntas.

Porque sí, el consumo también cuenta

La trazabilidad no es solo un tema técnico. Es también una herramienta para poder elegir mejor.
Y como consumidores, muchas veces no es que no nos importe —es que no tenemos información.

No se trata de señalar ni de dejar de comer carne.
Se trata de saber que no toda la carne es igual.
Que hay productores en Colombia que hacen las cosas bien, que conservan, restauran, hacen rotación de potreros, conservan las sabanas naturales.
Y que poder reconocer eso en el punto de compra haría toda la diferencia.

Este texto no lo escribo solo como alguien que trabaja en temas de sostenibilidad.
Lo escribo también como consumidor. Como alguien que va a un supermercado, y se pregunta qué hay detrás de lo que come.

La carne es parte de nuestra cultura, de nuestra economía, de nuestra alimentación.
Y por eso mismo, es un buen lugar para empezar a mirar con más atención.

¿De dónde viene esta carne?
Esa es una pregunta que todavía no podemos responder con certeza.
Pero es, sin duda, una pregunta que necesitamos hacernos más seguido.

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